La Última Pelea a Puño Limpio
En los Anales del Boxeo

A cien millas de New Orleans comenzó la ultima pelea a puno limpio en los anales del boxeo. Durante 75 asaltos terribles, John L. Sullivan y Jake Kilrain estuvieron dándose con sus puños desnudos. Desde el comienzo del combate Kilrain sorprendió al campeón encimándosele con la rapidez de un tigre. El retador agarro al campeón y lo arrojo de cabeza a la lona, enfurecido Sullivan se desquito sujetando a Kilrain entre sus brazos de acero y arrojándolo al suelo en el asalto siguiente. El publico que estaba presente gozaba al ver a estos dos hombres destrozarse, casi todos estaban a favor de Sullivan al que adoraban y se alegraban de verlo completamente recuperado y lleno de salud. Pero en los primeros asaltos fueron favorables al recio Kilrain y las silbantes lenguas de los espectadores quedaron silenciosas. En el séptimo asalto Kilrain casi le arranco una oreja de cuajo a Sullivan dándole un tremendo derechazo y después riendo a carcajadas se arrojo a la lona sin haber sido tocado.

Esto era permitido por las reglas primitivas del boxeo, el moderno Código de Queensberry todavía no estaba en vigor, pero las tácticas de pega y huye de Kilrain encolerizaron a Sullivan hasta el grado máximo. Con las fosas nasales hinchadas de furia Sullivan le protesto al árbitro y la oportunidad la aprovecho Charlie Mitchell, su archienemigo para burlarse de él abiertamente, Mitchell era segundo de Kilrain. Con el transcurso de los asaltos y mientras los dos hombres se pegaban y forcejeaban, cada vez se hacia mas evidente que Kilrain era mejor luchador que Sullivan. En la décima vuelta Sullivan sorprendió a Kilrain con un potente derechazo al costado de la cabeza, que levanto en peso al retador. Kilrain comenzaba a flaquear con motivo de tan tremendo castigo que Sullivan dirigía al cuerpo. Sentía como si algo se le hubiera roto por dentro y para mantenerse en pie tenia que ver sorbos de whiskey en los momentos de descanso.

Se calcula que durante la pelea Kilrain bebió un litro de whiskey, además el sol castigaba con tremenda fuerza y en los segundos de Kilrain sostenían una sombrilla sobre la cabeza del boxeador entre asalto y asalto. Pero Sullivan, bramando como un toro en su esquina y escupiendo insultos, no solo se burlaba de esos cuidados, sino que se negaba a tomar asiento durante el descanso. Decía Sullivan: “Para que diablos me voy a sentar, acaso no tengo que volver a levantarme”. A la mitad del combate Sullivan bebió un poco de te mezclado con whiskey, inmediatamente se sintió enfermo y Kilrain, acercándosele, sugirió que la pelea terminara declarándose vencedor él. La respuesta de Sullivan fue característica, de un solo golpe lanzo a Kilrain de espaldas a la lona. Ya las manos de los dos hombres estaban magulladas y laceradas, Sullivan escribió con posteridad: “Mis manos estaban hinchadas hasta tres veces su tamaño normal”.

Un amigo suyo que presencio el combate hizo este cometario: “El dolor era tremendo”. Kilrain sin embargo, se hallaba aun en peores condiciones que Sullivan, sufría tanto, que tuvieron que suminístrale morfina. En el salto 68, al cabo de casi tres horas de pelea, Sullivan al fin aniquilo a Kilrain, este se caía a la lona otra vez cundo Sullivan amenazo con golpearlo con la izquierda y enseguida sorprendió con un tremendo derechazo la barbilla. Sollozando Kilrain se tambaleo y cayo, por puro instinto se puso nuevamente de pies y nuevamente recibió varios golpes en la cabeza. Sin embargo, por verdadero milagro consiguió mantenerse de pie. Durante el resto del combate Kilrain ofreció un espectáculo horrible, los pesados puños de Sullivan lo habían convertido en una pulpa de sangre y de carne.

Mike Donovan tiro la toalla, era el segundo principal de Kilrain y paro la pelea por que temía que el retador perdiera la vida. El combate había durado dos horas y 15 minutos, se había celebrado al mediodía bajo un terrible calor. Quedo demostrado que John L. Sullivan todavía podía vences a cualquier hombre.

EDWIN KAKO VAZQUEZ
HISTORIADOR