Nuestro Boxeo es como un personaje, un caballero inmortal condenado por sabe dios que inconfesable pecado a no morir jamás a estar presente y avanzar adaptándose a los tiempos, condiciones y situaciones imprevisibles. De ese modo el noble arte aparece en todas y cada una de las más importantes civilizaciones de la historia de humanidad; esclavo de su maldición penado a continuar existiendo inherente al ser humano.

El que escribe estas letras es de los que cree necesario conocer el pasado para comprender, valorar y admirar más si cabe el presente que nos ocupa y uno de los episodios más sobresalientes en esta prolífica historia del boxeo tuvo lugar a orillas del Mediterráneo allá  entre el siglo VI y V ac. donde se produjo la explosión de la conciencia humana para dar un impulso impresionante al hombre, uno de los pueblos más importantes de la humanidad nos topamos así con la más feraz cultura antigua en lo que al boxeo se refiere; la Grecia clásica.

 En una cultura tan extremadamente rica y elaborada el hombre dio a partir de su afán por cultivar su cuerpo una especial dedicación a la cultura física donde nuestro deporte tomó un protagonismo e importancia que junto a la intelectualidad de los griegos nos dejó infinidad de pruebas y detalles minuciosos de cómo y por qué se practicaba el noble arte por ellos conocido como Pugilato, el hoy Boxeo.

 

"El Boxeo es el arte de las defensas propias donde la naturaleza ha dotado al hombre para su práctica realzándolo al grado de Arte, el Arte de Fistiana"
 

 Este deporte llega a Grecia heredado de pueblos prehelénicos tales como los Minoicos y Micénicos (Creta, 2000 ac – 1050 ac) siendo adoptado por los griegos en los primeros pasos de lo que serían los Juegos Olímpicos.

Decir en pleno siglo XXI juegos Olímpicos implica acceder a una imagen preestablecida de los mismos pero en su origen estaban muy lejos de cómo hoy los conocemos. Comenzaron siendo espectáculos con marcado sentir religioso y por supuesto mitológico. Según esa mitología fue el Dios Zeus quien instauró las Olimpiadas para celebrar su victoria sobre los titanes a los que arrojó del valle de Alfeo, la creación real de los mismos se atribuye a Ifitos el rey de la Elida que pactó una tregua con Licurgo, rey de Esparta y Clistenes rey de Pisa para que pudiera celebrarse este evento. Aunque esta versión es bastante valorada hay otros posibles principios de los juegos. De lo que no cabe duda es de que nacieron siendo actos festivo-religiosos en honor a Zeus que surgieron como competencias públicas y locales con cierto “Poder igualatorio” ya que podían participar todos los ciudadanos desde el pueblo llano hasta reyes o los más afamados filósofos como Platon. Los participantes simplemente debían cumplir una serie de condiciones tales como: ser Griegos, libres, haber nacido de matrimonio legítimo, no haber sido deshonrados y haber entrenado los 10 meses anteriores a la competición.


Fresco  de la isla de Thera, en el aparecen dos niños púgiles ataviados con su guante "Spahira". Podemos observar como solo llevan un guante ya que parece ser que solo era válido golpear con la derecha. La otra mano estaría reservada para blocar y esquivar golpes. Tampoco llevan casco pero si cinturón. Esto demuestra que era práctica deportiva no solo militar, deporte noble realizado por los niños, boxeo de forma lúdico-deportiva.  Datado en el 1470 AC.

 

 Los primeros juegos de los que se tiene constancia datan del 884 ac. aunque los primeros resultados que se conservan son del año 776 a. C. en la localidad griega Olimpia donde originalmente surgieron. Los atletas eran elegidos por jueces locales, las pruebas se celebraban cada cuatro años y duraban un día con el tiempo pasaron a durar varios días y como ya hemos visto su importancia llegaba a firmar treguas de tres meses de duración en tiempos de guerra para garantizar la paz en los juegos así los atletas llegarían sanos a sus casas, esa tregua olímpica se denominaba Ekecheiria.
 Entre los siglos VII y V a.C., esta manifestación humana se consolidó, debido al éxito de los juegos Olímpicos se crearon también otros como
los juegos píticos, los ístmicos y los nemeos.
Para el año 472 ya contaba entre sus participantes con ciudadanos de las zonas circundantes de la Élida (Arcadia, Laconia, Argólida, Acaia y Mesenia) pasó a ser así más importante e internacional un evento social hermanador de pueblos.
 

En la actualidad hay gran cantidad de deportes Olímpicos pero en su creación solo había un total de 17 disciplinas deportivas divididas en 3 grupos: Atletismo, Lucha y Pugilismo y la Hípica.

Tres son los rasgos distintivos de la gimnasia griega: la total desnudez del atleta, las unciones de aceite y el acompañamiento de oboe durante los ejercicios. Por eso en principio las mujeres no podían asistir a las pruebas para no observar el cuerpo desnudo de los atletas por ello eran perseguidas, después de mucho tiempo conseguirían participar en el evento e incluso ganar en alguna de las competencias.

De cierto modo tampoco se conoce con precisión el orden de las pruebas, pero parece ser que el primer día se realizaban ofrendas a los Dioses, el segundo día tenían lugar las pruebas de hipódromo, carreras de cuadrigas, caballos… etc y después Atletismo. Al tercer día más ceremonias florales y las pruebas de estadio, al cuarto día todas las disciplinas de lucha; la propia lucha el boxeo y el pancracio.
El pancracio era realmente duro, quizá demasiado para una civilización tan sumamente sutil y cuidada como la griega.



Pancracio o Pankration,
 traducido Fuerza Completa. Según la mitología fue creado por Teseo empleándolo eficazmente en su lucha contra el Minotauro Cretense.
 

 Dicha modalidad era la fusión de las dos formas de combate anteriores el boxeo y la lucha. Mezclaba estas disciplinas y aunque tenía su reglamento no nos ha llegado. Sólo se prohibía introducir los dedos en los ojos, nariz o boca o arañar y morder al adversario. El combate terminaba por abandono o pérdida de conciencia de uno de los atletas. En el suelo se realizaban llaves eficaces y dolorosas.  Aunque en el pancracio se permitía aplicar golpes del pugilato seguramente estos golpes no eran tan potentes como en el propio pugilato, ya que en el pancracio no se permitían los guantes.

 

Los deportes más practicados en Grecia eran los tipos de lucha considerada por los varones jóvenes y adultos como un pasatiempo natural y diario, por ello crearon el Gimnasium (Esparta) estos centros eran dirigidos por hombres conocidos como Gimnasiarcos que enseñaban el arte de correr, saltar, lanzar disco, jabalina, levantar pesos y sobre todo Lucha, Boxeo (pugilato) y el conocido Pancracio. Las actividades de lucha tenían su lugar de entrenamiento en las conocidas Palestras, consideraban al Dios Hermes patrón y protector de las artes de la lucha y por ello en las palestras que se extendían por las principales ciudades se han encontrado estatuas de este Dios. Los gimnasios más importantes de Atenas en su mejor época eran La Academia de Platón y El Liceo de Aristóteles. 
 


El Púgil
Periodo helenístico neoático; s. I d.C. Bronce; 1’28 de altura. Roma, Museo Nacional Romano


Es en esta época donde estamos ante el más puro y posiblemente primer amauterismo que ha visto el hombre, ya que hay que entender que el púgil griego prefería la muerte antes que la derrota,  cuando en la victoria solo recibiría una corona de olivo,
el "cotinus" ese era su premio. No había a priori ganancias materiales ni premios directos, luchaban para ganar y solo había un vencedor los demás eran perdedores. Partían de que venciendo llevarían la gloria y la bonanza a su pueblo, así como la suerte propia. Si queremos comprender la importancia y lo que suponía la victoria en esta actividad hay que conocer el sentimiento y la filosofía de vida del pueblo griego.
 El joven Ateniense estaba dedicado a su desarrollo físico e intelectual así como al cultivo del Areté. El, o la Areté era un sentimiento que consistía en sobresalir entre los demás de ser el mejor con sufrimiento y sacrificio para ser digno del reconocimiento de los Dioses, el valor del Aristócrata guerrero unido al sentimiento de amistad leal y honor propio y ajeno. Esto suponía que estos jóvenes acudieran al maestro de gimnasia para trabajar su cuerpo y condiciones para que la flaqueza física no les llevara a la cobardía. E ahí la importancia del Boxeo en esta cultura; la capacidad física era además de un medio de supervivencia por lo que acudir al gimnasio era vital para su desarrollo como persona convirtiéndose estos lugares además de sitios de entreno en centros políticos, filosóficos y sociales.

 

El pugilato se atribuye al Rey Tesus de Grecia, se introdujo en los Juegos en el 688 ac. Los contendientes pasaban un entrenamiento de nueve meses y eran seleccionados en una especie de eliminatorias. Al contrario que otras disciplinas los púgiles estaban casi siempre solo dedicados a su pugilato ya que entrenaban con más dedicación que los demás atletas por la nobleza y rigurosidad deportiva de esta modalidad, doce días antes de los juegos llegaban a la cuidad donde eran recluidos en un campamento de entrenamiento anexo a la palestra donde un estado psicológico y misticidad se iba adueñando de ellos para la competición. 

Para la preparación del púgil se utilizaban sacos similares a los actuales llenos de arena o semillas se denominaban Khórycoi se usaron guantes así como “Sparrings”. También se realizaba ejercicios con la propia sombra y con Andriantes o hombres Estatua que recibían golpes con protecciones durante los entrenamientos.

Este era un deporte similar pero por supuesto no exactamente como el que hoy conocemos. No había categoría ni de peso ni de tamaño y ciertamente estaba reglamentado. Se sabe que había amplia gama de golpes y técnica preestablecida, juego de piernas, fintas, defensa...

El día de combate los boxeadores tomaban un desayuno formado por zumo de naranja, pan, huevos, higos y miel. El combate comenzaba cuando el sol era más ardiente para comprobar las cualidades físicas de los púgiles. La superficie del ring era de arena y estaba limitado por los propios espectadores además la zona utilizada para el combate sería reducida ya que se consideraba un acto de cobardía si el boxeador cedía terreno a su rival; las peleas transcurrían hasta que uno de los dos reconocía la derrota levantando el dedo índice, o se caía y no continuaba la lucha, no había lo que hoy conocemos como asaltos era una pelea de comienzo a fin y de duración variable.


En competición los golpes en cualquier parte del cuerpo eran permitidos, agarrar, luchar o los golpes a los genitales eran considerados antideportivos por los que los infractores eran castigados por ello.

Dichas peleas podían durar muchas horas, ya que la importancia residía en no recibir golpes y soportar el tiempo necesario para vencer.
 La guardia se llevaba con el brazo izquierdo flexionado y pegado al tronco y el brazo derecho se lanzaba por arriba y por abajo.
 Los púgiles se cubrían las manos y los antebrazos con cintas de cuero de becerro sobre la cual enrollaban un vendaje desde las manos hasta los codos este tipo de guantes se denominaba spahira, metiendo dentro de estos pequeñas bolitas de cuero cubriendo los nudillos para infligir un daño considerable al adversario. Dichas tiras de cuero se denominaban Melichai o Storphia. Desde el siglo IV ac fueron reemplazadas por guantes conocidos como oxeia himantes, con correas que envolvían por fuera y aseguraban a los brazos, los dedos siempre sobresalían de los guantes. Los atletas podían protegerse las orejas  con una especie de orejeras conocidas como Epitodes. A veces las finales se realizaban a puños desnudos. Los atletas boxeaban en aquel entonces totalmente desnudos rociados en aceite corporal que se retiraban al terminar con una espátula curvada llamada Estrigilo, luchaban bajo un estricto código de honor.
 

Al contrario de lo que han querido hacer ver otros autores el pugilato no era una actividad infravalorada por los griegos ya que fue una prueba que requería el mayor valor, que es la máxima cualidad del Areté. Durante absolutamente todas las fases de esta cultura: Homérica, arcaica y clásica los griegos admiraron ese valor de los púgiles nunca la crueldad que pudiera acontecer en el combate. De hecho son cuantiosas las estatuas, relieves y como veremos literatura referida a este deporte. De hecho los campeones era recibidos en sus ciudades-estado como auténticos reyes aunque no luchaban por bienes materiales si conseguían ganar aseguraban la gloria para su ciudad nativa por lo que eran fuertemente recompensados por los personajes más pudientes de la época, eran héroes y como tal se levantaban estatuas en su honor en su lugar de origen. Fueron quizá los primeros Campeones mundiales y así se les reconocía por el pueblo. También se sabe que juglares componían poesías en su honor que llevaban su nombre por todo el mundo clásico.

 Este increíble evento de importancia inapelable nos deja gracias a la cuantiosa documentación que nos legaron los intelectuales griegos una serie de relatos de combates y campeones memorables llenos de honor y sacrificio con los que seguramente los Dioses se regocijaban por la entrega y devoción de los púgiles que luchaban hasta la extenuación, implorando que el propio Zeus les recibiera orgulloso en el monte Olimpo, morada de deidades de la Grecia clásica.
 

Es este el primer momento de la historia dónde los púgiles ya tienen nombre propio y son personas reconocidas aunque es menester asumir que algunos de estos campeones han brillado tanto en el pugilato como en otras luchas, ya que aunque no era lo usual, estaba permitido participar en varias pruebas si realmente se veían con fuerzas.

De ese modo algunos de los campeones más importantes son por ejemplo Diagoras de la Isla de Rodas. Fue declarado ganador en lucha durante los 79º Juegos Olímpicos así como en otros eventos atléticos como los Isthmia y los Pythia. Fue llamado Efthimaha (luchador directo) porque cuando competía, nunca se volvía a los lados y nunca evitaba a sus oponentes. La manera directa con la que luchaba ofrecía un espectáculo y satisfacía al público. Murió honorablemente a una edad avanzada en 448 A.C., durante los 83º Juegos Olímpicos. En los mismos juegos, sus dos hijos fueron declarados ganadores. Cuando fueron premiados con las coronas de victoria, ellos las colocaron en la cabeza de su padre para honrarle y le llevaron en hombros, cruzando el estadio.

La muchedumbre gritaba excitada y un espartano alzó su voz y gritó al padre honorado “¡Muérete Diágoras. Tampoco puedes subir el Monte Olimpo!” Diágoras cerró sus ojos y murió orgulloso y honrado sobre los hombros de sus hijos. El no subió al Monte Olimpo, pero su recuerdo permanece inmortal a través de la historia.


Practicantes del Pugilato

Otro gran campeón de lucha fue Milonas de Krotón (Sicilia) fue uno de los atletas más famosos del mundo antiguo. Se dice que tenía fuerza sobrehumana y que una vez, en Olimpia, levantó a un toro en sus hombros y después lo arrojó al suelo, frente a los sacerdotes, para que lo aniquilaran. Fue declarado ganador en lucha y pugilismo, seis veces en Olimpia y muchas veces más en los Juegos de Pythia, Nemea y Isthmia estos fueron algunos de los más aclamados luchadores.

También se sabe que como antecedente que pelearon dos grandes atletas de aquella época como fueron Creugas vs Demostenes comenzaron la pelea y cabe señalar que no había numero de rounds hasta que hicieron un trato y Creugas golpeó a Demostenes hasta el cansancio. Demotenes dio un golpe fatal a Creugas matándolo como no estaba validado este golpeo en el plexus declarando vendedor a Creugas aun después de muerto.

Son quizá nombres anónimos de héroes clásicos pero para que quede constancia de la importancia y el tipo de practicantes del pugilato de la época clásica nos acercaremos a un personaje lo suficientemente importante y conocido.

Hablamos de un joven, su padre era Mnesarco, rico joyero fenicio y su madre era Pitia de noble familia griega por lo que este joven tuvo una refinada educación siendo alumno de Tales de Mileto, se sabe que a los 18 años participó en los juegos Olímpicos y que ganó todas las competiciones de pugilato; este joven se llamaba Pitágoras… El Boxeo era de todos y su practica era motivo de orgullo para los púgiles fueran quienes fueran.

Pero si en algún sitio encontramos gran cantidad de datos relevantes de estudio de como se practicaba el pugilato y de la importancia que tuvo este en tan compleja cultura es en la gran obra de la humanidad escrita por Homero, "La Iliada" (800 ac), una de las más importantes obras que jamás hayan salido del puño de un ser humano reconocida por los siglos de los siglos y clave, lectura obligada  para la formación de la celada juventud griega. Canto epopéyico que narra historias de personas y dioses, de amistad y nobleza, de coraje y fuerza y claro... de Boxeo.

En infinidad de sitios puntuales de dicha obra sus personajes se refieren al pugilato e incluso participan directamente en combates de la época con su marcado Areté. Así ocurre en las primeras verbas de tan majestuosa obra donde en los primeros Cantos Helena contestaba al anciano: "...al otro lado está Idomeneo, como un dios, entre los cretenses; rodéanle los capitanes de sus tropas. Muchas veces Menelao, Caro a Marte, le hospedó en nuestro palacio cuando venía de Creta. Distingo a los demás aqueos de ojos vivos, y me sería fácil reconocerlos y nombrarlos; más no veo a dos caudillos de hombres, Castor, domador de caballos, y Pólux excelente púgil, hermanos carnales que me dio mi madre..." de ese contundente modo describía Helena, la mujer más bella de la tierra hija de Zeus a quienes veía delante.

Otra cita clave sobre el boxeo en dicha obra la encontramos en los juegos
atléticos celebrados en honor de Patroclo terribles combates que allí acaecieron:

 

 "...Sí, hijo, oportuno es cuanto acabas de decir. Ya mis miembros no tienen el vigor de antes, ni mis pies, ni mis brazos se mueven ágiles a partir de los hombros. Ojalá fuese tan joven y mis fuerzas tan robustas como cuando los epeos enterraron en Buprasio al poderoso Amarinceo, y los hijos de éste sacaron premios para los juegos que debían celebrarse en honor del rey. Allí ninguno de los epeos, ni de los pilios, ni de los magnánimos etolios, pudo igualarse conmigo. Vencí en el pugilato a Clitomedes, hijo de Énope, y en la lucha a Anceo Pleuronio, que osó afrontarme; en la carrera pasé delante de Ificlo, que era robusto; y en arrojar la lanza superé a Fileo y a Polidoro. Sólo los hijos de Áctor mé dejaron atrás con su carro porque eran dos;[…]
 Así habló; y el Pelida, oído todo el elogio que de él hizo el Nelida, fuese por entre la muchedumbre de los aqueos. En seguida sacó los premios del duro pugilato: condujo al circo y ató en medio de él una mula de seis años, cerril, difícil de domar, que había de ser sufridora del trabajo; y puso para el vencido una copa de doble asa. Y, estando en pie, dijo a los argivos:

¡Atrida y demás aqueos de hermosas grebas! Invitemos a los dos varones que sean más diestros, a que levanten los brazos y combatan a puñadas por estos premios. Aquél a quien Apolo conceda la victoria, reconociéndolo así todos los aqueos, conduzca a su tienda la mula sufridora del trabajo; el vencido se llevará la copa de doble asa.

Así habló. Levantóse al instante un varón fuerte, alto y experto en el pugilato: Epeo, hijo de Panopeo. Y, poniendo la mano sobre la mula paciente en el trabajo, dijo:

Acérquese el que haya de llevarse la copa de doble asa, pues no creo que ningún aqueo consiga la mula, si ha de vencerme en el pugilato. Me glorío de mantenerlo mejor que nadie. ¿No basta acaso que sea inferior a otros en la batalla? No es posible que un hombre sea diestro en todo. Lo que voy a decir se cumplirá: al campeón que se me oponga le rasgaré la piel y le aplastaré los huesos; los que de él hayan de cuidar quédense aquí reunidos, para llevárselo cuando sucumba a mis manos.

Así se expresó. Todos enmudecieron y quedaron silenciosos. Y tan sólo se levantó para luchar con él Euríalo, varón igual a un dios, hijo del rey Mecisteo Talayónida, el cual fue a Teba cuando murió Edipo y en los juegos fúnebres venció a todos los cadmeos. El Tidida, famoso por su lanza, animaba a Euríalo con razones, pues tenía un gran deseo de que alcanzara la victoria, y le ayudaba a disponerse para la lucha: atóle el cinturón y le dio unas bien cortadas correas de piel de buey salvaje. Ceñidos ambos contendientes, comparecieron en medio del circo, levantaron las robustas manos, acometiéronse y los fornidos brazos se entrelazaron. Crujían de un modo horrible las mandíbulas y el sudor brotaba de todos los miembros. El divino Epeo, arremetiendo, dio un golpe en la mejilla de su rival que le espiaba; y Euríalo no siguió en pie largo tiempo, porque sus hermosos miembros desfallecieron. Como, encrespándose la mar al soplo del Bóreas, salta un pez en la orilla poblada de algas y las negras olas lo cubren en seguida, así Euríalo, al recibir el golpe, dio un salto hacia atrás. Pero el magnánimo Epeo, cogiéndole por las manos, lo levantó; rodeáronle los compañeros y se to llevaron del circo, arrastraba los pies, escupía espesa sangre y la cabeza se le inclinaba a un lado; sentáronle entre ellos, desvanecido, y fueron a recoger la copa doble.

Con este extracto comprendemos la situación y el marco en el que podían transcurrir los combates así como lo que suponía en esta Grecia Homérica para el púgil y los asistentes  a una competencia de pugilato.

"El verdadero combate o acto de lucha debe tener un componente que lo ubique en un plano más trascendente, místico y filosófico incluyendo un marcado aspecto mental y espiritual no sólo físico, lo que lo nutre da sentido y aleja del mero y simple deporte"

Cuando las polis griegas entraron en decadencia los Juegos también sufrieron el declive. Roma acabaría por absorber esta civilización pero nuestro boxeo no desapareció, sufrió una metamorfosis para continuar su camino; en Roma se convertiría en un espectáculo sangriento y falto de los valores que ostentara antaño pero continuó vivo, siguió latiendo para que todos le conociéramos. En pleno siglo XXI sus puños están cansados pero son perpetuos y nunca dejarán de luchar.

Hubo una cultura en la que la inteligencia, el valor, el orgullo, y el afán de superación les llevo rozar el honor de ser la primera civilización tecnológica de la Tierra, un pueblo prodigioso dedicado al pensamiento al culto al cuerpo y al estudio de todas las artes sin excepción. En ella el deporte fue practicado por todas las personas sin distinciones como parte de su cultura, comprendieron su boxeo y lo pusieron donde se merecía lo socializaron y humanizaron le hicieron cotidiano y vital. Hubo un tiempo pasado donde un pueblo respetó al Noble Arte y sus campeones fueron tratados como tal. No, no es un cuento aunque parezca utópico sucedió hace mucho tiempo.
Hoy sentados desde esta piedra volvemos la mirada para recordar a una cultura que deberíamos conocer y valorar. Lo hacemos desde una postura de lerda superioridad esa que nos dan los más 2500 años de avances trascurridos, convencidos de que en todo hemos progresado y desde ese progreso... ¿Por que hoy no se respeta y valora una práctica que el hombre ha realizado durante toda su existencia?. Será por que hemos avanzado mucho... pero, ¿demostramos de verdad ese avance?
Pueden ustedes estar tranquilos por que este deporte seguirá existiendo. Sin duda su historia continúa escribiéndose con letras de oro en el grueso papel de la memoria y su devenir continuará su camino. Esa es su sana maldición.
 La nuestra es seguir apoyándolo.

Por Manuel Lino Pérez.