Como "La Hiena" Barrios hizo su camino al Mundial

Por Eduardo Bejuk.

A 17 DÍAS DE BARRIOS-ANCHONDO

"De Dios no soy enemigo, pero El en su palo y yo en el mío"

Se concentró el 2 de enero, en La Pampa. En el medio, se le murió un amigo y perdió un hijo. Y aguantó, pese a todo, porque quiere ser campeón. Aquí, Barrios, el hombre.

SANTA ROSA (ENVIADOS ESPECIALES). Viajamos 600 kilómetros para hacerle un reportaje a La Hiena. Y nos encontramos con Rodrigo.

—No va a ser lo mismo.

—¿Qué cosa?

—Si gano el título... No va a ser lo mismo...

—Estás mejor que antes de Freitas. Digo, preparado como nunca, y eso que para la pelea con Popó estuviste afilado.

—La preparación es la mejor de mi vida. Eso seguro. Ahora le agregué fierros, tengo más experiencia... En eso, todo bien. Pero no tengo la misma motivación.

—Bueno, a Popó le tenías unas ganas tremendas, era la primera chance grande...

—Sí... ¿Vos sabés desde cuándo estoy concentrado acá en La Pampa? Desde el 2 de enero. Brindé para Año Nuevo, bajé la copa y no volví a probar una gota de alcohol. Ni de gaseosa, nada. Ni un cigarrillo. El día que me vaya de acá, que debería ser el 28, voy a cumplir tres meses de concentración. Me la banqué toda, ¿eh...? Pero en el medio sufrí dos pérdidas muy grandes. Y eso no se supera así nomás.

—...

—Ahora me aíslo mucho, me encierro. Bueno, de última, cada uno vive su duelo a su manera. No, esto no se te pasa de un día para el otro. Si antes era ciclotímico, ahora peor... El título del mundo, que seguro lo voy a ganar, no me va a hacer más feliz, ¿entendés? Lo voy a ganar, sé que lo voy a ganar, porque me voy a jugar la vida arriba del ring... Pero no va a ser lo mismo. Lo que más necesitaría en el mundo en este momento sería estar con mi mujer y mi hija. Y estoy acá... Estoy acá porque no me tengo que dar por vencido.

Es la hora del mate. Con edulcorante, como siempre. El mismo mate (una pezuña negra y reluciente) que también lo acompañó en la concentración pre-Freitas, hace ya un año y medio.

Aquella vez, pleno invierno, fue en Bolívar. Ahora, calor sofocante de las cuatro y cuarto, está en Santa Rosa. Lleva dos meses y medio en la capital pampeana, una ciudad de 95.000 habitantes, cabeza de la región patagónica. A cinco minutos del centro breve y coqueto, Rodrigo Barrios tiene su "cuartel general". Lo instaló en el albergue municipal: planta baja, seis piezas (algunas con hasta cuatro camas marineras), baño tipo vestuario, un comedor gigantesco ahora sólo ocupado por su equipo y, a la vuelta nomás, el gimnasio. La cantidad de miembros del Team Barrios varía. Muchos van y vienen desde Buenos Aires, pero nunca le falta nada. Desde entrenador hasta médico, tiene de todo. Durante la visita de Olé, además de Rodrigo nos recibieron Rubén Pitufo Arano (hermano de Mario, manager de Barrios, algo así como el comandante a cargo); Sebastián Tizú Valencia (sparring, compañero de footing y gimnasia, amigo de fierro, alma festiva del grupo) y Ariel Olveira (ex campeón argentino liviano, aún en actividad; sparring y amigo). Además, claro, del amable personal del albergue, todos convertidos en fanas de La Hiena. El lugar, al costado del lago donde Rodrigo corre cada madrugada, es pacífico, silencioso... Una invitación sigilosa a la introspección.

—Como te dije, el 2 de enero dejé todo. Y seguí así: sano, sano, sano, con la cabeza limpia, leyendo un libro. Estoy leyendo libros, me gusta, después te cuento. Bueno... Y a los 20 días se me muere un amigo. El Traca-Traca (NdeR: el boxeador amateur Matías Godoy, de 25 años), lo conocía desde siempre. Se murió en un accidente y no pude estar allá. Pasamos juntos la Navidad, ¿vos la podés creer? Y me la aguanté. Qué sé yo, El Traca me va a ayudar desde el cielo, dije. Me la aguanté. Tiempo después, mi mujer, embarazada desde hacía cinco meses y medio, empieza con pérdidas. Me llamó, salí volando. Y estuve con ella y con el bebé. Me quedé con el bebé, peleando. Hoy hace un mes. Peleando hasta el final me quedé.

—¿En algún momento pensaste en largar todo ahí nomás?

—Jamás... Nada justifica nada. Estaba ahí, en el hospital, y no probé un cigarillo. Me entrené en Buenos Aires durante los días que estuve allá. Empecé el 2 de enero y tenía que seguir. Y sigo. Mientras tenga vida voy a seguir peleando... Y yo que pensé que lo peor que me había pasado en la vida era perder con Freitas... ¿Sabés lo que pensé, la conclusión que saqué de por qué perdí con Freitas? Perdí porque quizá Dios vio que no iba a tener la conducta, o la responsabilidad necesaria para ser campeón del mundo. Por eso no me dejó ganar. Pero ahora... ¿no tengo la capacidad para ser padre? Y, bueno... El manda. Me dejó vivo a mí. De Dios no soy enemigo, pero El en su palo y yo en el mío... Y mirá que en este tiempo quise rezar, ¿eh? Un par de veces me dieron ganas... Fui a la iglesia con Tizú, casi entro, y al final no lo hice. Mejor, a ver si todavía me pintaba más el rencor. Bah, algo rezo. Y me como las lágrimas.

El que conoce a Barrios por la tele, no lo conoce. Ni de casualidad. No lo imagina tres meses concentrado (¿qué boxeador argentino hizo semejante esfuerzo en los últimos años?); no lo imagina reflexivo, defensor de su filosofía, de su presunta locura, lector de Soriano, líder, padre de Yamila (tres años) y Mauro (12), arquitecto de su futuro ojalá brillante. El 8 de abril, en el Casino Miccosukee de Miami, se "jugará la vida", según sus propias palabras. Tendrá enfrente al yanqui Mike Anchondo (25-0, 18 ko), quien hará la primera defensa del título superpluma OMB. Está, sin verso, mejor que nunca: físico tallado (trabajo inédito de fierros), aire de sobra, bien técnicamente, con mucho entrenamiento acumulado. El tema es el ánimo, como él admite. La pérdida de un hijo por parto prematuro lo marcó a fuego, como jamás le había ocurrido. No hay música en el gimnasio. La Hiena se sigue riendo, claro, pero cuando se descuida le asoma la mueca triste. Y aprieta los dientes, de puro macho, nomás.

—¿Cómo es un día tuyo acá?


—Se hace duro. Te levantás como
pidiendo que acabe rápido. Arranco a las cinco de la mañana, tomo un cafecito y salgo a correr. Hago una hora, alrededor del lago... Todavía es de noche. Ahí sigo con los abdominales, mínimo 300. Después desayuno y descanso. A la una voy al gimnasio: hago diez rounds de guantes, más bolsa, punching. Tres días a la semana completo con pesas. Y dos días, con natación.

—¿Nadás ahora?

—Sí, me gusta. Me ayuda a relajarme. Hago estilo libre, prolijito. Nadar te da mayor elasticidad. Con media hora estoy bien.

—Lo de las pesas es algo nuevo en tu rutina.

—Es el principal cambio, comparando esta preparación con la de Freitas. Aquella vez me fortalecí con el hacha. Les daba duro a los troncos. Pero esto es mejor, me
siento tonificado, el golpe sale más fuerte. A esta pelea voy a llegar con mayor cantidad de días concentrado, con más y mejores rounds de guantes con tipos buenos (Olveira, Wilfredo Vilches, Arrieta, Blanco), con todo...

—¿Y en el ring cómo te sentís?

—Suelto, con el cerebro bien fresco. Ahora invento más cosas. Como que estoy más maduro. Voy a jugarme todo, pero tampoco me pienso regalar, tengo que ser más inteligente que ante Freitas.


—Se te criticó por querer rematar a Freitas y no cuidar la ventaja. ¿No tenías las tarjetas en la cabeza o pensaste que era peor dejarlo reaccionar?

—No podía especular. Soy consciente de que soy el retador... Puedo perder, pero nunca por no sacar manos. Yo entro al ring sabiendo que son 36 minutos de piñas, los minutos más valiosos de mi vida. Hay que jugarse todo. Si, total, abajo tenés un médico y una ambulancia. En el peor de los casos, te llevan al hospital.

—En la pieza tenés tres videos de Anchondo. Igual que a Freitas, lo estudiaste al detalle.
—Sí, pero no tiene mucho para descifrar. Es un tipo repetitivo, de estilo olímpico. Un semifondista, como mucho. Siempre lanza las mismas combinaciones y tiene muy poca experiencia. Sé que soy más y no lo digo con soberbia. Así que "Cachondo" que se vaya agarrando, se le viene el Tsunami. ¡Le voy a pegar tanto!

—Ah... ya retomás la motivación...

—Ya sé. Seguro que cuando vuelva a Buenos Aires y me encuentre con los pibes de Tigre, cuando sienta ese aliento, me voy a llenar de energía. Que se queden tranquilos, que en el sexto round lo noqueo. Si no abandona antes.

—Así que estás leyendo, me decías..

—Sí, cuando no puedo dormir, leo. El libro es un compañero. Leo novelas, cuentos, cosas de marketing deportivo. Estoy terminando Abeja Negra, de Enrique Martín (reconocido periodista de boxeo). Está muy bueno. También me gustó una selección de cuentos de boxeo. El de Cortázar, el de La Noche de Mantequilla, muy piola... Por esta pelea sacrifico el estudio por un tiempo, porque acaban de empezar las clases y ya estoy faltando.

—Te tomaste bien en serio el tema de la escuela nocturna.

—Sí, claro. Estoy metido en el tema del marketing, porque ahí veo mi futuro. Quiero ser promotor de boxeo, pero bien profesional. Saber cómo vender un show, cosas así. Y Laura, mi mujer, también va a empezar a estudiar.

—¿También marketing?

—No, le aconsejé que estudiara para martillera pública.

—En un montón de cosas se te nota más maduro, ahora, a los 28 años. Hace un tiempo dijiste que te encantaría tener la conducta de Omar Narváez. Con esta concentración estás mostrando tu conducta...

—Sí, pero quisiera tener conducta en todos los aspectos de mi vida. Igual, en estos años cambié... Si no, no tendría ganas de haber empezado la escuela, ganas de salir a pasear con mi familia... Hoy, mi felicidad pasa por estar en el living de casa, con mi mujer e hija, viendo televisión. Antes, eso no me pasaba. Y no sé si está bien que sienta eso. Digo: un boxeador de mi nivel no tiene sentimientos así. Otros no le dan bola a eso. Pero yo me aferro a lo que tengo, ¿entendés?

Después del pollo a la parrilla con ensalada y frutas varias, Barrios se va a dormir. Está en una habitación pequeña, de cuatro metros por dos, decorada con una bandera de Tigre que sirve de cortina. Hay vendas tiradas, guantes, videos de peleas, anteojos oscuros. Son las diez y media de la noche. No prende la tele, tiene que terminar un libro. Se tira en la cama de abajo, le cuesta dormir.

—¿En qué pensás cuando estás solo en la pieza?

—No tanto en la pelea. Como que estoy tranquilo, seguro de que voy a ganar. Por ahí pienso más en lo difícil que se me hace... Yo nunca la tuve fácil en la vida, sufrí desde pibe, me faltó afecto. Pero siempre salí adelante. Es raro: acá te entrenás, dormís, te entrenás, así todo el tiempo. Tenés que tener ganas, ¿eh? Tenés que tener huevos... A veces, lo único que quiero es que se termine todo. Haber peleado y estar de vuelta en casa, descansar un poco. Lo paradójico es que ahora soy más candidato que nunca para ganar el título y, por más que salga campeón mundial, no voy a estar feliz. Es injusta la vida, ¿no? Pero acá estoy, bien firme. Para mí, en cierto sentido, la vida es como una pelea de boxeo: yo siempre tiro piñas, siempre tiro piñas. A alguien le voy a pegar.

Por Eduardo Bejuk.

* Rodrigo logro vencer a Anchondo (8/4/05) con gran autoridad y merecidamente se proclamó campeón del mundo OMB, lo consiguió "La Hiena" ojalá consiga ser feliz.