Siempre que se nombra a Max Schmeling por defecto lo asociamos con dos palabras: Joe Louis y nazismo; ese germano simpatizante de los designios del dictador genocida enfrentado a un púgil de color para demostrar la superioridad de la raza aria y que como en un buen film "el bueno" de la película sale vencedor no sin antes sufrir lo suyo para posteriormente resarcirse siendo el orgullo de su pueblo. Del pueblo americano.

Esta es la “historia oficial” que a fuerza de repetirla durante décadas se nos ha impuesto pero que nos haya sido impuesta no quiere decir que sea la verdadera.
Lo cierto es que ambos deportistas fueron por igual manipulados y utilizados por sus respectivos países como metáforas vivas de una realidad político-social y un final añorado.

Pero la realidad era otra sin duda. Schmeling no era Nazi, nunca lo fue y Joe Louis representó la imagen de héroe del libertador pueblo americano cuando ironías del destino, su raza era la perseguida, repudiada e infravalorada en dicho país.

El título que en su momento se dio a este combate resume a la perfección lo que suponía esta visión desvirtuada de la realidad ese título era “América contra la Alemania nazi”, y enfrentaría al americano Louis y este alemán llamado Max Schmeling.


El campeón vivió en un momento histórico complicado.

Pero antes de llegar a la revancha nos situaremos en el momento que Schmeling quiere enfrentarse a Joe Louis y con pequeños detalles trataremos de hacer ver esa realidad desvirtuada para así conocer mejor la verdadera historia y por supuesto a este antiguo campeón alemán y la increíble vida que le tocó en suerte.

      Maximilianun Schmeling, nacido el 28 de septiembre de 1905 en Brandemburgo, y ya campeón de Europa cruzó el charco y fue en 1930 y fue debido a un golpe bajo que le propinó Jack Sharkey como por descalificación se había hecho campeón del mundo. Lo defendió con éxito hasta que el propio Sharkey se lo arrebató a los puntos.

Schmeling vivió in situ a pocos metros como un jovencísimo Joe Louis derrotaba a nuestro español Paulino Uzcudum y en ese momento quiso enfrentarse al nuevo fenómeno del boxeo mundial, el boxeador llamado a reinar en los pesados, cuando el campeón era uno, único. Schmeling afirmó “Ver algo” en ese rival y creía fielmente poder derrotar al americano. De ese modo con la inestimable colaboración de su hombre de confianza en América se comenzaron las negociaciones para el encuentro.

Dicho combate tendría lugar, era inevitable. En 1936 el mundo vería el primer combate ante Louis, un Louis imbatido que todavía no había sido campeón del mundo y por supuesto no pensaba en la derrota, sólo en que round noquearía al alemán.


Max a la izquierda y Louis a la derecha posan en el pesaje.

En junio del 36 se produjo el choque que esperaba el europeo, un combate muy duro dónde Schmeling aguantó las terribles acometidas de su rival hasta que; aprovechando una fisura en su guardia pudo sorprender a Joe, abrir su defensa y derribarle para a la siguiente oportunidad dejarle K.O. Fue el primero en derrotar al "Bombardero Negro" a un joven y al mejor Louis.


 !Louis K.O¡

Fue una sorpresa tremenda. Max Schmeling volvería triunfante a su Alemania. Y aun es recordado como con honores de jefe de estado fue recibido en el aeropuerto por una multitud enfervorecida que aclamaba a su boxeador. Fue en el propio aeropuerto donde se produjo una instantánea que le traería muchos quebraderos de cabeza para Schmeling en América, pero hay que valorar que poco podía hacer el bueno de Max ante el panorama político de su Alemania.

En dicho aeropuerto fue recibido por su esposa Anny Ondra, famosa actriz checa de la que Hitler era seguidor y con la que se había casado en el 33, con ella fue invitado a subirse a un precioso descapotable de la época desde donde saludar a su patria, ese saludo por supuesto era el saludo del Reich, brazo al frente y palma extendida. Saludo fingido, impuesto y obligado. Esa foto dio la vuelta al mundo e inmediatamente se le tachó de Nazi, por supuesto Hitler aprovechó la victoria de Max para “demostrar” la superioridad de su raza aria. Pero la realidad es que Schmeling no compartía las creencias del Reich y entre sus mejores amigos había muchos judíos, demasiaos para el gusto de los nazis de pro.

Inmediatamente después de instalarse en su casa las SS se presentaron allí con un documento que hoy sin duda estaría en el museo de los horrores. Se trataba de una especie de libro o tratado hecho por gente “experta, y parcial” que con rigor científico intentaba demostrar la inferioridad de las personas de color, Max como verdugo del americano solo debía firmarlo para acreditar esa información por supuesto sin leerlo.

Schmeling alegó que en otro momento lo haría por supuesto sin estar muy convencido sabía que al final tendría que hacerlo.

Fue un personaje en la época que se codeaba con las capas más altas de la sociedad, una celebridad, un ejemplo… en otra ocasión días después de su victoria ante Louis fue invitado a una audiencia pública por el mismo Adolf Hitler quien ante los medios preguntó a Max: “¿Cuándo supo que vencería al americano?” a lo que esperaba que Schmeling contestara que al salir de Alemania, Sin embargo el bueno de Max dijo: “cuando el referee paró el combate”. Imagínense la cara de aquel dictador. Viendo la respuesta del campeón la siguiente pregunta fue hecha con más cautela; Hitler preguntó a Schmeling: “¿Qué fallo encontró en la anatomía del americano?” posiblemente esperaba que Max alegara una inferioridad de aptitudes físicas pero sin embargo dijo: “En los asaltos finales bajaba demasiado la derecha y por ahí vi el hueco” seguramente el dictador se dio cuenta de que tipo de persona era Max y no se dejaría manejar fácilmente. Enfadado con voz firme afirmó a los medios para que lo publicaran: “Max Schmeling encontró un defecto en la anatomía y genética del americano y lo uso para vencerle” terminando con una furiosa mirada a Max que evidentemente solo guardó silencio.

De ese modo los siguientes años fueron duros para Max, que en más de una ocasión se jugó la vida escondiendo a amigos judíos en su casa, mientras imponía su cuerpo ante los soldados de las SS que se disponían a registrar su casa. Era un desafío a todo el Reich. Mientras en USA pensaban ciegamente que Max era simpatizante del régimen, que injusto.

Las presiones nazis continuaron hasta el punto que el propio Hitler prohibió los contactos entre Schmeling y su hombre de confianza y mentor en Estados Unidos que ya había comenzado negociaciones para la revancha, debido a que por sus venas corría sangre judía.

En este tiempo Joe Louis consiguió batir a Jim Braddock y así proclamarse campeón del mundo y cuando le preguntaron si ya lo había conseguido todo a sus 23 dijo: “No; tengo que vencer a Schmeling, mientras no lo haga no seré el verdadero Campeón” Era su espinita clavada, ambos querían ese combate y al fin tendría lugar.

Antes de partir hacia América Hitler “invitó” al matrimonio Schmeling a una comida donde Max Schmeling tuvo que firmar aquel documento casi haciéndose autor de una sarta de sandeces que ni había leído. Dicho encuentro estuvo lleno de fricciones entre Max y el dictador que no terminaría muy cordialmente.

De ese modo casi en solitario y con esos problemas durante su preparación partió a Estados Unidos donde casi, o sin casi tuvo que estar recluido en su hotel siempre protegido viendo desde su ventana manifestaciones en su contra y pancartas con “nazi vete a casa” o "No queremos nazis en América", eso le dolió más que nada ya que solo él sabia la verdad.

Dos años después del primer combate, es decir: en 1938 y ante 70.000 almas se enfrentaron en un combate con mucha presión psicológica, connotaciones políticas y expectación en América y Europa. No vamos a decir que si no hubiera sido por presiones externas Max hubiera ganado ya que su rival era el mejor Louis por supuesto, pero sin duda los últimos meses en la vida de Max fueron el fiel reflejo de lo que ocurriría sobre el ring.
El final fue rápido, demasiado rápido; Louis comenzó el K.O con un golpe a los riñones, golpe ilegal en Europa para a los 2:04 del primer round terminar con nuestro Max y provocar la rabia del dictador.


Max caería derrotado en la revancha.

El resultado fueron tres vértebras del cuello del alemán fracturadas y su casi crucifixión con un arnés de hierro cuan potro de tortura para inmovilizarle en la cama de un hospital americano durante varios meses, meses en los que sin duda pensaría la suerte que correría por parte de las autoridades al llegar a su Alemania.

 Por supuesto Louis se acercó a interesarse por él y Max le afirmó que no era verdad eso que decían de él, o que a su boca habían atribuido. Louis ya lo sabía. Cordialmente se prometieron el desquite, combate que nunca llegaría.

Volvió a Alemania amparado por un recibimiento frío, demasiado frío y lejano al anterior: Esta vez en lugar de descapotable una ambulancia le esperaba y solo su querida Anny, ninguna representación política, ni del pueblo llano.

Malos tiempos aguardaban a Max. Con unos ahorros que hizo con sus puños se compró un terreno en en Ponicke (Pomerania) allí decidió dedicarse a plantar tabaco pero después de la segunda guerra mundial su terreno le fue arrebatado pos los rusos.

Anny le daría un hijo a Max, hijo que a los siete meses de edad fallecería, el peor K.O sufrido por el boxeador de esos que no salen el en Record.
De cierto modo el con el nazismo en pleno apogeo Adolf Hitler y Joseph Goebbels que otrora le victoreaban viendo que Max, este reo alemán era poco adulador de su “ideal ario” buscaron una forma muy elegante de deshacerse de él. A los 35 años le enviaron al frente y fue en la guerra donde como paracaidista al saltar sobre Creta (Grecia) se partió ambos meniscos y sufrió una grave lesión de espalda pero sorprendentemente sobrevivió y por ello tuvo que ser condecorado como héroe de guerra. El campeón dentro y fuera del ring.

Después de la guerra malvivió en Alemania siempre junto a su esposa, en el 47 volvió al ring para juntar algo de dinero pero los años no perdonan. El 31 de octubre de 1948, con 43 años, disputó su último combate en Berlín despidiéndose del boxeo con una derrota a los puntos, contra el alemán Richard Vogt.

Con el dinero conseguido en esta triste etapa boxística se compró una vieja granja y decidió dedicarse a la cría de visones; como el decía “Como los abrigos de visón son caros creí que así me haría rico…” Con lo justo vivía felizmente cuando un antiguo hombre de boxeo se acordó de él y fue a visitarle.
No era solo una visita de cortesía, este caballero ofreció a Schmeling entrar en una multinacional como imagen de la marca para Europa y latino América, sueldo fijo y estabilidad. Dicha marca era y es Coca-Cola. Así la vida contrarrestaba palos anteriores. Fue en esta época cuando volvió a Estados Unidos y busco a su “enemigo” Louis, que ya retirado comenzaba su declive de club en club ahogando recuerdos en licor, recordaron sus combates, por supuesto cada uno tenía su preferido y bromearon con aquel desquite se habían prometido, ese tercer combate que nunca llegó. Ni se imaginaba el bueno de Schmeling que desde su posición en ese momento acomodada tendría que en poco tiempo ayudar económicamente a su amigo Louis arruinado y olvidado.

Como curiosidad diremos que Max trabajaría para coca cola hasta bien cumplidos los 88 años de edad. Gran tesón.

    Louis falleció en el 81, Anny Ondra su esposa falleció en el 87 después de 54 años de matrimonio; Max, el 28 de septiembre de 2004… ¡cumplió 99 años!, que maravilla. Lo celebró lejos de todo con un par de amigos en Hollensted, a unos 50 kilómetros de Hamburgo, donde reside desde 1959.

Maxe, como le llaman sus amigos, espera llegar en 2005 a los 100 "Me cuido mucho y creo que lo lograré", dijo.
Con respeto a su edad dice: “"Llegar a los cien no es ningún mérito, es una gracia”.
Esperando ese momento de su fin dice no tener miedo "Cuando un día tenga que irme quiero ser enterrado con toda modestia, rodeado de un pequeño círculo, junto a mi mujer Anny en el cementerio de Hollenstedt".

Ojalá sea como él soñara, desde luego se merece lo mejor.

Sin duda la vida de Max  Schemeling es digna de ser conocida y por ello hemos querido con motivo de su 99 cumpleaños reproducir algunos momentos de ella en este trabajo hecho con el único afán de una vez más recordar a un hombre ejemplar y de cierto modo desconocido hijo del boxeo y su azarosa vida, una vida de película por que si es cierto que el  boxeo  esta lleno de historias tristes también lo es que esta; que es toda una preciosa y real historia del boxeo de un caballero que milagrosamente sobrevivió a su suerte y acaba de rozar la centuria en envidiables condiciones. Un verdadero orgullo para la familia mundial del noble arte.

Manuel Lino, a 2 de octubre de 2004.

  Max Schmeling falleció el 2 febrero de 2005. No pudo ser como todos queríamos, descanse en paz El bueno de Max.