Cuenta la Leyenda, que allá por unos lejanos principios del 1900...

Un enamorado del Noble Arte de esta nuestra piel de toro jovencito él; poco mas de 18 años y ¿su sueño?  ¡ser campeón del Mundo de boxeo!
 Después de pasar por varios gimnasios de la ciudad condal, recordó que un tío suyo residía en Inglaterra,  y decidió invertir las cuatro pelas que había heredado y largarse a  Las islas Británicas, su tío regentaba un gimnasio de cierto renombre, y del que se contaba que era cuna de grandes campeones.
 Llego el 5 de abril de 1912, a Southampton y una vez localizado el viejo local de su tío, comprobó con desesperación que este se encontraba totalmente clausurado, y en alquiler.
 Preguntando e interrogando a todos los vecinos, estos le comunicaron que hacia unos meses, su tío y con el la mayoría de promesas pugilísticas habían emigrado al nuevo Mundo.. en busca de nuevos retos y grandes combates. "El futuro del boxeo, está al otro lado del charco" le respondieron.
Nuestro protagonista, cayo derrumbado en una inmensa depresión, pero; ¡¡no todo iban a ser desgracias!!
Este mismo sábado, o sea al día siguiente,  El Sindicato de Trabajadores del Mar, estaban reclutando una tripulación de 884 marineros, para una  travesía de la que decían iba a marcar época.
Ni corto ni perezoso, se presento en el muelle 44 y después de muchas discusiones, y darse cuenta que la totalidad de esa tripulación era proveniente de los marines británicos, obtuvo una entrevista personal, con el mismísimo capitán Smith, este se apiadó del joven y como buen amante del boxeo, hizo la única excepción de contratar un
civil para cargar con esas mas de 5800 toneladas de carbón que iban a utilizarse para el viaje, total: 884 tripulantes más 1, 885 incluido él.

El barco, se dirigió primero a Queenstown, en Irlanda, cruzando el canal y bordeando la costa.
El 10 de abril, el joven, alucinado e improvisado marinero boxeador vio la costa por ultima vez, al menos hasta que llegara a su destino ¡¡New York!! bajo a las calderas, le quedaba un arduo, fatigoso, pero esperanzador viaje, por su mente le iban pasando escenas fantásticas ¿como sería el encuentro con su tío? ¿con quien entrenaría?... ¿llegaría algún día a campeón? !!Si!! sin ninguna duda estaba plenamente convencido de ello.
Pasaron cuatro días de infernal calor y sueños constantes, la noche del 14 de abril de 1912,  poco antes de la media noche. La luz de la luna reflejaba en la popa del barco su nombre lucía orgulloso... TITANIC.

Por Eduard Esteban "Besodromo".